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¿Por qué estornudar es saludable?

Investigación y Ciencia   Septiembre 2012Nº 432

Tomado de:http://www.investigacionyciencia.es/investigacion-y-ciencia/numeros/2012/9/por-qu-estornudar-es-saludable-9046. visitado el 3 de febrero de 2013. 7:45:am

 

¿Por qué estornudar es saludable?

Las alergias pueden haber aparecido para protegernos de toxinas ambientales.

Wenner Moyer, Melinda

 

La mayoría de los expertos consideran que las alergias son reacciones inmunitarias anómalas a sustancias inocuas, como el polen o los cacahuetes. Algunos investigadores, sin embargo, han propuesto una teoría diferente: el goteo nasal, la tos y las erupciones cutáneas habrían aparecido evolutivamente para protegernos de sustancias tóxicas, como el veneno de serpiente, presentes en nuestro entorno y en los alimentos que ingerimos.
Hace mucho tiempo que los inmunólogos piensan que las personas alérgicas son víctimas de una respuesta de tipo 2 anómala, que habrían adquirido durante la evolución para defenderse de los parásitos. La respuesta de tipo 2 refuerza las barreras de protección del cuerpo y promueve la expulsión del parásito.


La otra forma en la que nuestro cuerpo lucha contra sustancias dañinas consiste en la respuesta de tipo 1, que destruye directamente los patógenos como virus y bacterias, así como las células humanas a las que infectan. La idea se basa en que resulta posible eliminar los patógenos de menor tamaño, como los virus, pero es más sensato emprender un combate defensivo contra los mayores, como los parásitos.


No obstante, Ruslan Medzhitov, inmunobiólogo de la Universidad de Yale, nunca ha aceptado que las alergias representen una reacción antiparasitaria equivocada. Según él, los parásitos y las sustancias que desencadenan las alergias (alérgenos) no tienen nada en común. En primer lugar, hay un número casi ilimitado de alérgenos. En segundo lugar, las respuestas alérgicas pueden producirse con extrema rapidez, en solo unos segundos; pero una respuesta a la presencia de parásitos no necesita tal inmediatez.
En un artículo publicado en abril en la revista Na­ture, Medzhitov y sus colaboradores afirman que las alergias aparecieron para protegernos de sustancias potencialmente tóxicas en el entorno o en la comida. En otras palabras, se desarrollaron evolutivamente por una razón concreta, no por simple error. ¿Cómo se defiende uno contra algo que inhala involuntariamente? Produciendo mocos, congestión nasal, estornudos y tos.


O, si alcanza la piel, provocando un picor que induzca a rascarse, y con tal acción se elimine el intruso. Del mismo modo, si se ingiere una sustancia alergénica, el cuerpo puede reaccionar con vómitos.


Entre las pruebas citadas por Medzhitov se encuentra un estudio de 2006 publicado en la revista Science, que señalaba que las células clave implicadas en las respuestas alérgicas degradan e inactivan el veneno de las serpientes y de las abejas. Un estudio de 2010 aparecido en la revista Journal of Clinical Investigation sugiere que la respuesta alérgica a la saliva de las garrapatas evita que estos ácaros se adhieran al cuerpo y se alimenten de él.


¿Cómo concuerdan estos datos con el conocimiento preexistente sobre las alergias? Un estudio de 2011 publicado en New England Journal of Medicine demostró que los niños que crecían en granjas, donde estaban expuestos a numerosos microorganismos, tendían a sufrir menos asma y alergias. La idea, conocida como hipótesis de la higiene, sugiere que las personas que entran en contacto con multitud de bacterias y virus al comienzo de su vida invierten más recursos inmunitarios en respuestas de tipo 1 a costa de las reacciones de tipo 2. Medzhitov mantiene que tal teoría encaja con la suya.


En última instancia, la teoría de Medzhitov plantea más preguntas de las que consigue responder. Aun así, muchos concuerdan en que sus principios son verosímiles. «Nos estimula a elaborar nuevas hipótesis», señala Kari Nadeau, inmunólogo de la facultad de medicina de la Universidad Stanford.

 

 

 

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Correo del Maestro Núm. 65,octubre 2001
   
Los murciélagos a través del ojo de la ciencia - Bernardo Rodríguez Galicia

Únicos en su clase, los murciélagos son mamíferos que poseen la virtud de volar; cuentan con diversos hábitos alimenticios que van de lo frugívoro

a lo nectívoro, piscívoro, insectívoro, omnívoro e, inclusive, los hay hematófagos (murciélagos vampiros), es decir que se alimentan de sangre. Son de costumbres  nocturnas y se comunican, principalmente, por un complejo sistema de sonar.

La característica de volar, así como su aspecto físico, han dado origen, en gran cantidad de idiomas, al vocablo con que se designa a este animal. En alemán se le llama fledermaus, en sueco fladermus, en danés flagger-mur, ‘ratón que vuela’; en chino sein shii, ‘ratón celeste’; en náhuatl químich-papálotl, ‘ratón mariposa’; en francés chauve-souris, ‘ratón calvo’; en portugués y español morcego y ‘murciélago’, respectivamente, vocablos que quieren decir ‘ratón ciego’. Sin embargo, a pesar del amplio conocimiento físico que se tiene de estos animales, es increíble que existan tan pocas investigaciones sobre ellos. La mayoría de ellas se refiere a cómo realizan su vuelo, al contenido estomacal o alimenticio y a las patologías que transmiten a través de algunos virus como el de la rabia. Otras, las de carácter arqueológico o paleontológico, son las menos.

 
Estudios de murciélagos polinizadores

Quizá el papel ecológico más importante del murciélago es el de agente polinizador. De ahí el amplio número de trabajos realizados sobre este tema. Dichas investigaciones tienen su origen en la segunda mitad del siglo XVIII, sin embargo, las más importantes aportaciones se realizaron desde mediados del siglo XX. Destacan los trabajos de Baker y Harris, en Ghana, sobre las visitas de los murciélagos de los géneros Epomophorus y Nanonycteris a las inflorescencias de Parkia clappertoniana. En estos estudios se resalta la importancia de ambos murciélagos en el proceso de polinización de esta leguminosa a la cual llegan en busca de néctar, tal como lo demuestra un análisis estomacal.

En 1960, el científico brasileño Carvalho observó que ejemplares de Crescentia cujete (Bigniniaceae), Alexa grandiflora (Leguminosae), Hymemae courbaril (Leguminosae), Crataeva benthami (Capparidaceae) y Parkia gigantocarpa son visitados por tres especies de murciélagos: Glossophaga s. soricina, Phyllostomus d. discolory Phyllostomus h. hastatus. En su investigación, Carvalho trató de observar el comportamiento de plantas y murciélagos. El examen del contenido estomacal de algunos ejemplares capturados reportó la presencia de restos de insectos, restos vegetales, néctar, pulpa de fruta y granos de polen. Un año más tarde el mismo Carvalho estudió la alternancia de recursos alimenticios utilizados por los murciélagos ya mencionados y sugirió que esto obedece a sus necesidades fisiológicas (Quiroz, et al., 1986).

Ese mismo año (1961) Alcorn et al. verificaron la actividad polinizadora del murciélago del género Leptonycteris sobre el cactus gigante (Saguaro), Carnegia gigantea.

En México, Bernardo Villa (1967), al citar la dieta de los murciélagos mencionó también varios géneros como visitantes de diversas plantas: a Glossophaga lo observó frecuentando flores de Musa (Musaceae) y Lemaireocereus (Cactaceae); a Leptonycteris lo menciona sobreviviendo al cautiverio gracias a una dieta constituida por néctar de Ipomoea (Convulvulaceae) y a Choeronycteris lo encuentra cubierto de polen de la misma planta al ser capturado, al igual que a Hylionycteris, cubierto con polen de Teobroma (Sterculiaceae), (Quiroz, et al., 1986).

En 1969 Álvarez y González estudiaron el contenido palinológico del estómago de murciélagos mexicanos de la subfamilia Glossophaginae; el propósito era establecer los hábitos alimenticios y competencia entre estos mamíferos estimando la cantidad de granos de polen en sus tractos digestivos.

Baker y colaboradores, en 1971, efectuaron un trabajo con Ceiba acuminata y encontraron que sirve como fuente de alimento a varias especies animales que la visitan, incluyendo a los murciélagos. Los autores mencionan que los quirópteros actúan como verdaderos polinizadores.
 
Los hábitos alimenticios de los murciélagos son muy diversos. Hay especies carnívoras, frugívoras, piscívoras, nectívoras, hematófagas e, incluso, algunas que se alimentan de polen. En la fotografía podemos ver un murciélago frugívoro.

En la provincia de Guanacaste, Costa Rica, Heithaus et al. realizaron un estudio para establecer la posible relación y estrategias de la polinización de Glossophaga soricina y Phyllostomus discolor —ambos nectívoros— con respecto a la leguminosa de la especie Bauhinia pauletia.

Más tarde, Howell publicó un artículo en el que presentó los resultados obtenidos de las investigaciones que él realizó en México y Estados Unidos sobre la sensibilidad auditiva y vocalización ultrasónica entre murciélagos de la familia Glossophaginae, en el que menciona que existe una relativa diferencia entre las especies, la que está condicionada por sus preferencias alimenticias.

Sazima y Sazima (1977) encontraron en Brasil a Phyllostomus discolor, Glossophaga soricina y Anoura caudifera alimentándose con las flores de Bauhinia; observaron también a P. discolor visitar las flores de Lafoensia glyptocarpa (Lythraceae) y dedujeron que, dependiendo de la cantidad de flores que presente la planta, esta especie de murciélago llega a ella de manera independiente o bien agrupándose en manadas (Quiroz, et al., 1986). Finalmente, estos mismos autores en 1978 destacaron la importancia que tienen los murciélagos Glassophaga soricina y Corollia perspicillata en la polinización de la ‘flor de la pasión’, Passiflora mucronata (Passifloraceae).
 
La adaptabilidad de los murciélagos al vuelo es comparable con la que tuvieron algunos reptiles voladores y la que tienen aves actuales; en la figura se pueden observar precisamente los mecanismos de adaptabilidad en los miembros anteriores que tuvieron diferentes vertebrados voladores, entre ellos el murciélago, y cómo es esta modificación en el hombre.
Conclusión

Como ya hemos señalado, la investigación de los quirópteros se ha centrado principalmente en el conocimiento de su conducta ambiental, alimenticia o patológica. Quedan por abarcarse campos de estudio muy importantes como la anatomía y fisiología de estos animales. Los estudios paleontológicos —como el realizado en las grutas de Loltún por Arroyo Cabrales y Ticul Álvarez— y los estudios de fósiles o materiales arqueozoológicos —como los de Valadez— son una alternativa en el campo de investigación científica que bien puede explicar la extraordinaria adaptabilidad de estos minúsculos mamíferos así como su relación con el hombre en la época prehispánica.

Los murciélagos han llamado poderosamente la atención del hombre desde épocas remotas, lo que ha llevado, incluso, a tejer falsas creencias y a atribuirles misteriosos poderes sobrenaturales. Han estado presentes, de diversas formas, en muchas culturas, entre ellas las mesoamericanas. En leyendas nahuas aparece como producto del semen de Quetzalcóatl derramado en una roca y como mensajero de los dioses.

Es tal el culto que se brindaba al murciélago en la época prehispánica que en el palacio de Tetitla y el Barrio de los comerciantes, en Teotihuacan, durante las excavaciones arqueológicas se encontraron figurillas zoomorfas que representan verdaderos quirópteros; el hallazgo del dentario y cráneo del murciélago en la cueva teotihuacana así lo confirma y, como menciona el doctor Valadez:

La presencia del murciélago Myotis velifer es un aspecto de enorme valor, dado que los restos de quirópteros en sitios arqueológicos son muy poco comunes. Esta especie es un pequeño organismo, común en la región, que se alimenta de insectos y duerme en huecos de árboles y casas abandonadas. Las cuevas estudiadas durante el proyecto no son un sitio adecuado para que se convirtiera en su refugio, por lo que es lógico suponer que el animal se cazó y posteriormente se llevó a estas...

¿Medicina?, ¿religión?, ¿simbolismo?, ¿superstición?; las investigaciones arqueozoológicas con murciélagos pueden dar respuesta a estas y otras preguntas.
Bibliografía
Arroyo-Cabrales, Álvarez, Ticul. Restos óseos de murciélagos procedentes de las excavaciones en las grutas de Loltún. Colección Científica, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, D.F., 1990.
Arroyo-Cabrales, Polaco, O. “Revisión de los vampiros fósiles (Chiropterae: Phyllostomidae, Desmodontinae) de México”, en: Homenaje al profesor Ticul Álvarez. Colección Científica, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México D.F., 1997.
Flores Crespo, R. Prevención de la rabia paralítica bovina y el control de los murciélagos vampiros. Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agropecuarias y Pecuarias; taitene, México D. F.,1996.
Quiroz, L.D., et al. Análisis palinológico del contenido gastrointestinal de murciélagos. Colección Científica, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, D.F., 1986.